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Aniversario 11J: ¿Cuánto ha cambiado Cuba a 3 años de las protestas?

Las manifestaciones pacíficas de 2021 aún resuenan en la Isla y el exilio, donde se siguen exigiendo mejores condiciones de vida para los cubanos

Este jueves se conmemora el tercer aniversario del lo más cerca que ha estado Cuba a un levantamiento nacional en contra de la dictadura castrista: el llamado 11J

Han pasado tres años desde que miles de cubanos se lanzaron a las calles para exigir, en una sola voz, libertad, una libertad que se traduciría en un cambio de sistema político que permitiría a la vez una mejor calidad de vida para los ciudadanos de la Isla.

Enmarcado en una aguda crisis económica y sanitaria, producto de -en ese entonces- un año de pandemia, así como en la represión constante de las autoridades, se dio la mayor muestra subversiva que se ha visto en Cuba desde la “Primavera Negra” de 2003.

La menor entrada de ingresos por la pérdida temporal de la mayor fuente de ingresos de la Isla -el turismo-, la escasez alimentaria perpetua que llevó al agotamiento de la harina de trigo y con ello del pan, así como la saturación de todos los hospitales y centros médicos, con defunciones no reconocidas, falta de personal, medicamentos y recursos, llevó a levantamientos en casi una veintena de ciudades de diferentes provincias en todo el país.

La Habana, Santa Clara, Santiago de Cuba y otras ciudades con poblaciones más numerosas fueron el centro de las protestas, con miles en las calles marchando de forma pacífica, al ritmo de “Patria y Vida”, la canción opositora que unos meses atrás, en febrero de 2021, habían lanzado Yotuel Romero, Gente de Zona, Maykel Osorbo y El Funky.

 

Pese a lo pacífico de su protesta, los manifestantes fueron reprimidos con dureza por las autoridades, resultando en más de 1800 arrestos, de los cuales a la fecha cerca de 1000 permanecen en prisión, incluyendo al propio Osorbo y al artista y activista Luis Manuel Otero Alcántara.

¿Y qué ha cambiado a 3 años del 11J?

Tras las revueltas que duraron alrededor de tres días -más, menos en ciertas zonas según pudo saberse entre apagones y cortes del servicio de internet- el gran número de detenidos, 297 de los cuales tuvieron juicios “exprés”, sin abogados y condenados a prisión de manera arbitraria, intimidó a la, de por sí poco numerosa, oposición.

El Movimiento San Isidro (MSI), uno de los principales grupos opositores de Cuba se disolvió, con la mitad de sus miembros en prisión y la otra mitad abandonando el país. Múltiples opositores más también salieron de Cuba tras la ola represiva del 2021.

 

En ese contexto, aunque las condiciones para un nuevo levantamiento siguen ahí (una perpetua crisis alimentaria en la que no hay ni leche para los niños; servicios médicos deplorables con personal no capacitado; inflación; apagones constantes, falta de agua potable; acaparamiento de recursos para dedicarlos al turismo), la población no ha encontrado el número para lanzarse a las calles nuevamente con la misma fuerza.

Nada en las condiciones de vida de los cubanos ni en la forma en que el régimen maneja la situación (culpando al pueblo de sus propias carencias, gastando en eventos innecesarios y acaparando todos los recursos de la Isla para su propio beneficio) ha cambiado.

 

Sin embargo, el gran cambio puede observarse en la migración. Como resignados a que la única manera de escapar a la miseria es salir del país, los números de migrantes se han elevado alrededor de tres veces en comparación con antes de la pandemia y del 11J, quizá eventos inherentes.

Mientras en 2019 un promedio de 40.000 cubanos dejaba la Isla cada año, por tierra o por mar, desde que las fronteras del mundo volvieron a abrirse en 2022, cada año han salido de Cuba alrededor de 100.000 personas, y en este último año, con el parole humanitario de Joe Biden, esa cifra se dio tan solo de cubanos que entraron a EEUU -faltaría sumar los que fueron a otros lados o llegaron ilegalmente.

En ese sentido, y aunque hay esfuerzos de visibilización de la situación cubana entre la diáspora, valdría la pena analizar si sería necesario otro cataclismo mundial para meter suficiente presión en Cuba que lleve a un nuevo levantamiento como el 11J, o si, incluso así, todos los que estaban dispuestos a luchar por un cambio en la Isla ya fueron encarcelados o exiliados en su totalidad.

 

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