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Siguen los ataques con piedras a ómnibus en La Habana

Este ataque se suma a una serie de incidentes similares que han afectado la seguridad y el funcionamiento del transporte

La madrugada del pasado viernes, alrededor de las 4:25 a.m., un nuevo ataque de vandalismo afectó al sistema de transporte público de La Habana. Un ómnibus de la ruta P7 fue apedreado mientras realizaba su recorrido en el municipio Cotorro.

El incidente causó daños en el cristal de una ventanilla lateral, lo que obligó al chofer a suspender el servicio y dirigirse de inmediato a una unidad de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) para formalizar la denuncia correspondiente.

Este ataque se suma a una serie de incidentes similares que han afectado la seguridad y el funcionamiento del transporte urbano en la capital cubana.

Según la Empresa Provincial de Transporte de La Habana, las autoridades están investigando el caso en conjunto con la empresa.

La cuenta oficial de Transportación Habana TH en Facebook calificó el ataque como “un triste incidente” y apeló a la comunidad para prevenir futuros actos de vandalismo.

“Necesitamos más que solo acciones; necesitamos un cambio”, señala la publicación.

Incidentes anteriores

En la madrugada del sábado pasado, otro ómnibus de la ruta P11 fue apedreado, lo que también resultó en la rotura de una ventanilla. Días antes, un vehículo de la ruta 23 sufrió un incidente similar cerca del parque de Fábrica. En ese caso, la intervención de los vecinos y agentes de la PNR permitió la detención de varios presuntos responsables, lo que destaca la importancia de la colaboración entre la ciudadanía y las fuerzas de seguridad.

El deterioro del sistema de transporte y el clima de inseguridad

El aumento de estos actos vandálicos coincide con el creciente deterioro del sistema de transporte público en La Habana. La escasez de vehículos obliga a los ciudadanos a esperar durante horas para abordar un ómnibus.

Es posible que la situación genere el malestar suficiente como para que se lleven a cabo estos ataques. Irónicamente, los daños, además de transmitir el mensaje de descontento, afectan la infraestructura del transporte, afectando más los tiempos de espera y empeorando la vida diaria de los ciudadanos.

A pesar de las condenas oficiales y las promesas de reforzar la vigilancia, los ataques continúan ocurriendo con inquietante regularidad. Muchos habitantes de la capital están seguros de que estos actos reflejan el creciente descontento social y el malestar causado por el déficit en los servicios básicos en el país.

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